Diez años han tenido que pasar para que Wolverine decida sacudirse el polvo y volver al estudio. Los suecos Wolverine regresan con ‘Anomalies’, un trabajo que bajo una capa de melodías directas esconde la oscuridad técnica a la que nos tienen acostumbrados desde los tiempos del ‘The Window Purpose’.
Hay bandas que parecen vivir en un letargo eterno, de esas que solo ves en los carteles de festivales muy específicos o en las listas de “qué fue de ellos”. Wolverine era una de esas. Tras el notable Machina Viva de 2016, el quinteto de Söderhamn entró en una especie de limbo donde la vida, simplemente, se puso por medio. Pero la espera ha terminado ayer, 6 de febrero, con el lanzamiento de Anomalies bajo el brazo de Music Theories Recordings.
“¡Wolverine se vuelve pop! En serio, una canción pegadiza que me encanta. Sin embargo, la letra trata un tema mucho menos pegadizo: la ansiedad por la muerte”.
Lo primero que llama la atención al darle al play es que no han perdido el pulso, aunque sí han decidido jugar con nuevas texturas. El estreno viene acompañado del videoclip de “Nightfall“, una pieza que el propio Stefan Zell define casi como un “momento pop” dentro de su trayectoria. No se asusten, no se han pasado al bando de los sintetizadores Casio; es un tema con ganchos envolventes que entran a la primera, pero con una letra que te pega un puñetazo en el estómago. Zell confiesa que escribió estos versos en su época más chunga, lidiando con la ansiedad por la muerte. Es un contraste curioso: música que casi invita a moverse mientras el texto te arrastra al fondo del pozo.
Videoclip Nightfall – Anomalies Wolverine
Y ojo, porque este equilibrio entre luz y sombra es lo que siempre ha hecho grandes a los suecos.
Si echamos la vista atrás, ver a bandas de este calibre en Galicia siempre ha sido un reto logístico, pero quienes recordamos ver a gente como Soen o Leprous por nuestras tierras sabemos que el público gallego tiene un paladar muy fino para el progresivo. Wolverine encaja en esa liga de “música para músicos” que, sin embargo, logra emocionar al que solo busca un buen riff. El disco se siente orgánico, con un sonido empastado que demuestra que los años no han oxidado la química entre Jonas Jonsson y el resto de la formación.
Lo que realmente dispara el entusiasmo de Zell es ver que la maquinaria sigue intacta. Mantener la alineación del Machina Viva —con Jonsson a la seis cuerdas, Jansson al bajo, Losbjer a las baquetas y Henriksson a las teclas— asegura ese sonido empastado que solo dan los años. Pese a que sus letras nos suelen meter en líos mentales bastante turbios, el ambiente que respira el quinteto ahora mismo es de un optimismo que contagia.

“Cuando empezamos a componer para este álbum, queríamos volver a trabajar con Oliver” Zell.
La mano de Oliver Philips en la producción se nota. El tío sabe perfectamente dónde apretar las tuercas para que el metal progre no suene fino. Temas como “A Perfect Alignment” o “This World And All Its Dazzling Lights” despliegan esa calidez luminosa que te envuelve, alejándose de la pirotecnia técnica vacía. Es una confirmación arriesgada tras una década de silencio, pero necesaria para refrescar una escena que a veces peca de repetitiva.
Lo cierto es que volver tras veinte años del lanzamiento de Still no es moco de pavo. Wolverine ha vuelto porque tenía algo que decir, no por cubrir la cuota de un contrato. En una industria que te exige sacar un single cada tres meses para no morir en el algoritmo, que estos tíos se hayan tomado diez años para parir Anomalies es casi un acto de rebeldía.
Es hora de romper cuellos, aunque sea con la elegancia que solo el metal sueco sabe gastar.









