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Virtuosismo 100% Calavera: Plini regresa a España junto a Sungazer

El australiano Plini vuelve a España con dos fechas marcadas en rojo para los amantes del progresivo instrumental. Barcelona y Madrid serán testigo de una velada que suma además a Sungazer, el proyecto mutante de Adam Neely y Shawn Crowder. Dos noches pensadas para quienes buscan técnica, pero también emoción y riesgo.

Hablar de Plini es hablar de una generación de guitarristas que entendió que el virtuosismo no está reñido con la melodía. Desde Australia, y sin necesidad de grandes artificios mediáticos, ha construido una carrera sólida dentro del rock progresivo instrumental contemporáneo. Su regreso a nuestro país, con parada el 16 de mayo en la Salamandra de L’Hospitalet (Barcelona) y el 17 de mayo en la Mon de Madrid, no es un simple trámite de gira europea: es una declaración de intenciones. Entradas desde aquí.

Plini no viene a demostrar nada.

Y eso, en un circuito saturado de postureo técnico, se agradece. Su forma de combinar pasajes atmosféricos con riffs de precisión quirúrgica conecta tanto con fans del djent más fino como con quienes crecieron escuchando a los héroes del shred de los noventa. Para los guitarristas muy Calaveras, su directo es una clase magistral sin pizarras: fraseo limpio, dinámica cuidada y un sonido empastado que no sacrifica pegada.

Además, el contexto importa. En los últimos años hemos visto cómo el progresivo instrumental ha ganado terreno en festivales y salas, también en nuestro país. No hablamos solo de nichos. Hay público real. Público que llena salas para ver propuestas que, hace una década, parecían reservadas a foros especializados. Esta doble cita encaja en esa evolución natural de la escena.

Sungazer juega en otra liga híbrida

Acompañándolo estará Sungazer, el proyecto liderado por el bajista Adam Neely y el batería Shawn Crowder. Aquí la cosa se pone interesante. Si Plini representa el equilibrio entre técnica y emoción guitarrera, Sungazer juega en otra liga híbrida: jazz fusión con electrónica, métricas imposibles y groove cerebral. Lo curioso es que, lejos de chocar, ambas propuestas se complementan.

Sungazer no es un simple “telonero”. Es un contrapunto.

Su enfoque rítmico y su manera de llevar el bajo a terrenos casi solistas aportan una capa extra a la velada. En tiempos donde el progresivo tiende a repetirse en fórmulas, esta combinación resulta fresca. Es una confirmación arriesgada pero necesaria: apostar por propuestas que no son fáciles de etiquetar.

El formato de sala, además, juega a favor. Tanto la Salamandra como la Mon permiten una cercanía que en festivales se diluye. Aquí no habrá pantallas gigantes ni fuegos artificiales. Habrá manos sobre el mástil, baquetas volando y miradas cómplices entre músicos que saben lo que hacen.

Para quienes siguen la trayectoria de Plini, esta visita supone también una oportunidad de comprobar cómo ha evolucionado su repertorio en directo. Sus últimos trabajos han consolidado un lenguaje propio, menos exhibicionista y más enfocado en la construcción de atmósferas. Una madurez que se nota sobre el escenario.

En definitiva, estas dos fechas no son solo para fans del progresivo. Son para cualquiera que disfrute viendo a músicos que dominan su instrumento sin necesidad de fuegos de artificio. Técnica, sí. Pero con alma.

Y eso, en tiempos de consumo rápido, vale oro.





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