Bilbao vuelve a ponerse las botas. El BBK Legends cumple diez años y, lejos de acomodarse, ha decidido celebrarlo con un cartel que respira historia, distorsión y esa mezcla de elegancia y macarrismo que tanto nos gusta. Olvidaos del chubasquero y las botas de agua; los días 26 y 27 de junio de 2026, la verdadera acción pasa bajo techo.

Hay que reconocerlo: en un panorama saturado de festivales clónicos, el BBK Legends se ha marcado un tanto de los que duelen a la competencia. Celebrar una década de vida trayendo a Tom Morello en exclusiva para todo el Estado es un golpe sobre la mesa.
El sábado 27 será el día marcado en rojo para los adoradores de las seis cuerdas. Ver al arquitecto sónico de Rage Against the Machine y Audioslave en un recinto como el Bilbao Arena —con buena acústica y sin que el viento se lleve el sonido— es un lujo. Morello no viene a cumplir; viene con ese estilo que convierte la guitarra en una herramienta de revolución, lanzando riffs que parecen salidos de una consola arcade y solos que te vuelan la cabeza. Es, como nos gusta decir por aquí, un guitarrista 100% Calavera: técnico, combativo y con el volumen al once.
Pero ojo, porque esa misma noche tenemos una de esas “frikadas” maravillosas que solo pasan una vez en la vida. BEAT. O lo que es lo mismo: Adrian Belew y Tony Levin (King Crimson) juntándose con Steve Vai y Danny Carey (la bestia tras los parches de Tool) para reinterpretar la etapa ochentera de Crimson. Discipline, Beat y Three of a Perfect Pair ejecutados con precisión quirúrgica. Música para cerebros, hipnótica y compleja, ideal para los que disfrutan mirando pedaleras.
Si el sábado es tralla y técnica, el viernes 26 es pura clase. Chris Isaak regresa al botxo para celebrar su 70 cumpleaños (quién lo diría con esa planta). El californiano juega en otra liga: sonido empastado, esa reverb surfera marca de la casa y una voz que no ha perdido ni un gramo de terciopelo. Basta que suenen los primeros acordes de Wicked Game para que el pabellón se venga abajo. Isaak no necesita artificios, le basta su banda, los inseparables Silvertone, para dar una lección de rock americano y elegancia retro.

Para completar el menú, el cartel tira de fondo de armario con mucho criterio. Cracker pondrán la nota de nostalgia noventera con himnos como Low o Teen Angst, demostrando que su mezcla de folk y fuzz sigue envejeciendo bien. Por otro lado, Dea Matrona llegan con la etiqueta de “promesa” tras pasar por Glastonbury, aportando esa frescura necesaria para que no parezca una reunión del Imserso rockero. Y el broche final lo pondrán los suecos Graveyard; si los visteis en sus pasos por Viveiro o Madrid, ya sabéis que su blues psicodélico y hard rock setentero es pura electricidad contenida.
Para los que solemos peregrinar desde Galicia por la A-8, este festival es un refugio. Te ahorras la incertidumbre del clima cantábrico y cambias el bocadillo de la tienda de campaña por la gastronomía bilbaína. Es un plan redondo: dos noches de riffs de verdad, leyendas vivas y, sobre todo, cero postureo.
Las entradas ya están a la venta y, viendo la exclusividad de Morello, no durarán mucho. Nos vemos en junio en Miribilla.


