Olvidaos de las etiquetas de cartón piedra y el postureo de Nashville. El Huercasa Country Festival acaba de soltar su primera descarga para 2026 y, ojo, porque viene con la intención de reventar los prejuicios de quienes creen que esto solo va de bailar en línea en la plaza.
Riaza vuelve a ponerse en el mapa y no por una cuestión de inercia. Tras una edición de 2025 que dejó el listón en la estratosfera, el festival segoviano ha decidido no dormirse en los laureles y ha soltado un primer avance que huele a gasolina, carretera y, sobre todo, a verdad. Aquí no hay trampa ni cartón: lo que nos proponen es un viaje por las aristas más afiladas y auténticas de la música de raíces americana.
El nombre que brilla con luz propia es Brent Cobb. El tipo es un artesano, de esos que te escriben una letra que te rompe el alma mientras te acaricia con un sonido empastado que bebe del soul sureño más pantanoso. No es un recién llegado; Cobb lleva años demostrando que se puede ser el «songwriter» favorito de las grandes estrellas de Nashville sin perder ni un gramo de mugre en las botas. Es una confirmación arriesgada pero necesaria para mantener el nivel de un evento que ya es una institución.
Para los que buscamos algo más de tralla y electricidad, el regreso de Cracker es la noticia del día. David Lowery y Johnny Hickman son perros viejos en esto de mezclar el punk, el rock alternativo y el country. Si no te has dejado la garganta alguna vez cantando «Low» o «Euro-Trash Girl», es que no has vivido los noventa como Dios manda. Su presencia en el Huercasa asegura ese punto de «mala leche» necesario para que el festival no se quede en un ejercicio de nostalgia dócil.
Y hablando de carácter, Emily Nenni viene dispuesta a demostrar que el honky-tonk sigue vivo y coleando. Su voz tiene ese punto de dureza y melancolía que te transporta directamente a un bar de carretera a las tres de la mañana. Me recuerda a esa frescura que trajeron bandas como The Jayhawks en su día, pero con una identidad propia que no admite comparaciones baratas.
Lo curioso es que el festival no se queda solo en los grandes tótems. La inclusión de Brown Horse, esos británicos que suenan a Uncle Tupelo pasados por el filtro del indie más oscuro, es una jugada maestra. Es ese tipo de bandas que en Galicia acogeríamos con los brazos abiertos en un festival como el Resurrection Fest si se pasaran al lado oscuro del metal, porque comparten esa misma intensidad emocional que nos gusta por aquí.
Además, tenemos a Alana Springsteen aportando el aire fresco de la nueva generación y a Rob Leines repitiendo tras su exitoso paso anterior. Leines es un auténtico «outlaw», un tipo que entiende el country como una extensión del rock sureño más áspero. Su directo es de los que te hacen sudar la camiseta, perfecto para el escenario Las Delicias.
Cerrando este primer asalto están Crowe Boys y Juana Everett, completando un cuadro que, sinceramente, tiene una pinta espectacular. En un panorama donde muchos festivales parecen cortados por el mismo patrón de «copia-pega», el Huercasa mantiene su criterio propio. Es como cuando vas a un bolo en una sala pequeña de Santiago o A Coruña esperando lo de siempre y acabas con el cuello roto de tanto asentir ante una banda que no conocías.
Riaza, del 3 al 5 de julio, va a ser el epicentro de algo muy serio. Los abonos ya están a 80 pavos y, viendo cómo viene la mano, no tardarán en volar. Si te gusta la música con raíces pero con colmillo, ya sabes dónde tienes que estar.
Aftermovie Huercasa 2025
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