Entrevista Ana Popovic: “Sigue siendo un espectáculo centrado en la guitarra, pero ahora el público también quiere bailar”

Ana Popović tiene pocas dudas cuando hablamos de guitarras: para el blues y el rock sigue confiando buena parte de la noche a su Stratocaster del 64 y, cuando la conversación llega a los amplificadores digitales, tampoco titubea: “Me quedo con las válvulas”. Lo interesante es que Dance To The Rhythm la ha llevado precisamente a salir de algunas de esas zonas conocidas, colocando el groove, el funk y las ganas de bailar en el centro de unas canciones que sobre el escenario siguen dejando espacio para que la guitarra respire, improvise y se descontrole. Con seis fechas españolas en octubre —incluida una parada en Garufa Club, A Coruña— hablamos con ella de sonido, carretera, Strats, solos que nunca se repiten y de esas noches españolas en las que, como reconoce, lo que realmente quiere es “soltarse la melena y pasárselo bien”.

Consulta aquí las fechas de su gira española.

En Dance To The Rhythm has hecho algo casi contracultural dentro del blues-rock: poner la guitarra al servicio de la pista de baile. Incluso has dicho que no escribes para satisfacer a la “blues police” ni a la “rock police”. Después de un año tocando canciones como “Dance To The Rhythm”, “Worked Up” o “Sho’ Nuf”, ¿el público te ha confirmado que esa frontera era más mental que real, o todavía encuentras puristas que quieren que Ana Popović se limite a enchufar la Strat y tocar blues?

En mis conciertos me encuentro con un público sumamente entusiasta que, hacia el final de la velada, se levanta de sus asientos para bailar y disfrutar al máximo del tiempo que compartimos; les encanta la incorporación de ritmos bailables. Y eso es la mayor recompensa.

Sigue siendo, ante todo, un espectáculo centrado en la guitarra y en un showcase de músicos excelentes; siempre lo pasamos muy bien y nos encanta compartir esa experiencia con el público.

En marzo explicabas que puedes llevar la banda en formatos de cuatro, siete e incluso once músicos, con coros y sección de vientos. Ahora llegas a España para seis conciertos entre La Mirona, Cerdanyola, Sala Villanos, Garufa, Rock & Blues y Sala BBK. ¿Qué versión de la banda de Ana Popović vamos a ver en esta gira y cuánto cambia realmente tu forma de tocar cuando tienes detrás tres músicos frente a una banda grande?

Ana Popovic Rochester Jazz Festival
Concierto de Ana Popovic en el Rochester Jazz Festival

Así es. Tocaremos la mayoría de los conciertos con una formación de siete músicos y algunos con una de cuatro. Me encanta todo eso. Sin duda, adapto la cantidad y el estilo de mi forma de tocar la guitarra cuando hay menos de once personas en el escenario. Eso hace que todo resulte interesante; quiero ser capaz de adaptarme, entretener y ofrecer un espectáculo igual de potente, independientemente de la formación. ¡Me encanta!

Tú y Buthel habéis contado que muchas canciones de Dance To The Rhythm comenzaron prácticamente al revés: primero grabasteis grooves y bases rítmicas sin tener todavía letras terminadas, y algunas terminaron de escribirse durante caminatas por Los Ángeles, Dallas o Detroit. Para una guitarrista acostumbrada a tener tanta personalidad melódica, ¿trabajar primero desde el groove te obligó a pensar menos como guitarrista y más como productora? ¿Hubo alguna discusión con Buthel en la que él te dijera: “Ana, aquí sobra guitarra”?

Ah, no. Definitivamente no es nada de eso; aquí no hay guitarra. Trabajamos juntos. Confiamos el uno en el otro, tanto en el oído como en las ideas. Aunque al principio de la canción yo no lo visualice claramente, me muestro flexible para ver qué se le ocurre a él. Y lo mismo ocurre a la inversa. Si bien al principio nos costaba más soltarnos por completo y probar cosas nuevas, ahora somos muy flexibles y confiamos en que el resultado será genial. O bien trabajamos para llegar a ese punto: que quede genial, que esté listo.

En “Sho’ Nuf” tomaste una decisión muy concreta: aguantar prácticamente toda la canción antes de soltar el solo al final, casi utilizando la guitarra como el “drop” de un DJ. Para alguien capaz de llenar cualquier hueco con seis cuerdas, ¿cuesta más aprender qué tocar o aprender a esperar cuarenta compases y no tocar absolutamente nada?

Es una canción bailable, con un solo de guitarra ardiente. Era el momento justo para ello. Está repleta de letra e improvisaciones vocales, y tiene un ritmo de alto voltaje. Cuando escuché la maqueta por primera vez, estaba en el barco (un crucero de blues). Me puse los auriculares, subí a la cubierta —donde casi no había nadie— ¡y bailé como una loca! En ese instante supe que tenía que grabar esa canción.

«Todo lo que tenía que suceder en la canción ya sucedió; la banda solo tiene que tocarla tal cual es»

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“Hurt So Good” estuvo dando vueltas durante tres o cuatro años y llegaste a grabar distintas versiones antes de considerarla terminada. ¿Qué era exactamente lo que no funcionaba en las primeras: el tempo, el arreglo, el tono de guitarra, la interpretación vocal…? ¿Recuerdas el momento en que escuchaste la versión definitiva y dijiste: “ahora sí, ya no la toco más”?

Cuando terminamos el disco, dijimos: «Todo lo que tenía que suceder en la canción ya sucedió; la banda solo tiene que tocarla tal cual es». Sigo estando de acuerdo con eso, y todos los miembros de la banda también lo están. Luego, por supuesto, los solos son frescos y nuevos cada noche, según hacia dónde nos lleve el sentimiento.

Vamos con tus guitarras. Tu Strat del 64 sigue siendo “la mano derecha”, pero la Fender Custom Shop “Foggy” nació precisamente para enseñarte caminos nuevos: mástil en C, trastes jumbo, dos single-coils inspiradas en los 60 y una Seymour Duncan ’78 humbucker en el puente. En este repertorio nuevo, ¿ya tienes canciones que pertenecen inequívocamente a la Foggy y otras que solo funcionan con la del 64? ¿Cuál de las dos tendrá más trabajo en la gira española?

Me gusta empezar la actuación con la Foggy, mientras que la 64 ocupa más de la mitad del repertorio. Para los temas potentes, uso la Foggy; para el blues y el rock, la 64. La reedición del 67 en acabado Fiesta Red la reservo para el blues lento; tiene un sonido cálido increíble. Sin duda, es una guitarra que encanta al público: en cuanto le das espacio, empieza a cantar. Disfruto de las tres y hacen que mis agotadores viajes sean llevaderos.

Sin duda, me quedo con las válvulas. No hay duda al respecto.

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Durante años has ido alternando auténticos monstruos de válvulas —el Fender Super Reverb del 66, Bassman, Mesa/Boogie Mark IV y V o California Tweed— y en pedalera has mantenido viejos Tube Screamers, Boss CE-2, wahs, delays y overdrives. Con una gira que salta de clubes como Garufa a salas como BBK y festivales, ¿sigues siendo completamente militante de ampli de válvulas en carretera o has probado Kemper, Neural DSP o algún sistema de profiling que te haya hecho dudar? Y si sigues con válvulas: ¿qué parte de la respuesta de un Super Reverb todavía no consigues encontrar en lo digital?

Sin duda, me quedo con las válvulas. No hay duda al respecto. En el estudio, la cosa cambia: todo es posible, ya sea para un solo o dos. Confío en nuestro ingeniero y probamos cosas; vamos variando. A veces pierdo la cuenta de qué guitarra se usó en qué momento —por los matices y detalles—, pero los solos principales siempre los grabo con mis tres «guerreras de carretera». Dicho esto, llevo toda la vida usando Gibson, D’Angelico, Martin, etc…, para el trabajo de estudio.

El 22 de octubre aterrizas en Garufa Club, en A Coruña. Hace unos meses decías que España te parece “una gran fiesta llena de gente joven que quiere escuchar blues”, algo bastante distinto de ciertos públicos estadounidenses sentados y mucho más contenidos. Garufa es precisamente un club donde tienes al público prácticamente encima: ¿qué Ana aparece cuando notas desde el primer tema que la gente quiere sudar contigo en lugar de analizar cada solo desde una butaca?

España es, sin duda, uno de mis lugares favoritos para actuar. ¡De fiesta! Me gustan todo tipo de recintos y de público. Pero en España, lo que realmente me apetece es soltarme la melena y pasármelo bien. Y ellos responden de forma inequívoca. Siempre.

Has construido una gira capaz de pasar de un cuarteto a siete músicos o incluso once, y en octubre vas a encadenar La Mirona con Cimafunk, Cerdanyola Blues Festival, Sala Villanos, Garufa, Rock & Blues y Sala BBK. Si comparas aquel primer rider de tus años de clubes con el actual, ¿qué petición ha desaparecido porque ya no te importa absolutamente nada y qué tres cosas son hoy innegociables antes de subir al escenario?

En cuanto a la lista de requerimientos (rider) de hospitalidad: el vino desapareció. Jajaja… puede que todavía lo tengamos, pero nadie bebe… Nos preocupamos más por la salud, al contrario de lo que suele pensarse de los músicos. En el aspecto técnico, es mejor contar con un buen equipo de sonido —ya sea para sala o monitores—, ya ​​que no siempre viajamos con el nuestro. Si el sonido no es el adecuado, se nota enseguida que el técnico es un aficionado. Yo detengo el ensayo y regreso una vez que el local pone a un técnico de sonido competente. Puede que haya pasado una o dos veces en mi carrera, ¡pero ocurrió! Jajaja. En cualquier caso, nosotros siempre damos un gran espectáculo, pero también esperamos un trabajo excelente de las personas con las que colaboramos.

Entrevista Ana Popovic en las Dunlop Sessions





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