Crónica Resurrection Fest 2026: cuatro días de hallazgos, gigantes y algún frenazo

Actualizado el: 30 de julio, 2026

El Resurrection Fest 2026 volvió a convertir Viveiro en punto de encuentro para varias generaciones de aficionados al metal, el hardcore y el rock pesado. Iron Maiden, Marilyn Manson, Sabaton y Limp Bizkit concentraron buena parte de las miradas, pero algunos de los mejores conciertos aparecieron lejos del foco principal: Last Train, Blues Pills, Burning Witches, Trivium o The Gems dejaron momentos difíciles de discutir. También hubo problemas de sonido, elecciones de horario poco agradecidas y unas cuantas interrupciones capaces de enfriar hasta el campo de Celeiro.

Viveiro volvió a cambiar de aspecto durante cuatro jornadas. Camisetas negras en las terrazas desde el desayuno, acreditaciones colgando por las calles, conversaciones sobre solapes imposibles y esa sensación, difícil de reproducir fuera de A Mariña, de que durante unos días el festival no ocupa la localidad: convive con ella.

El Resurrection Fest 2026 se celebró del 1 al 4 de julio con cerca de un centenar de bandas repartidas entre el Main Stage, el Ritual, el Chaos y el Desert. Cuatro escenarios suficientes para garantizar variedad y, al mismo tiempo, obligar al público a tomar decisiones dolorosas desde primera hora.

Crónica Resurrection Fest 2026: miércoles

El miércoles nos recibió con buena temperatura, cielo algo nublado y una pequeña brisa que se agradecía. El clima perfecto para comenzar a caminar entre escenarios sin que el cuerpo protestase antes de tiempo. Llegamos justo para escuchar la última canción de President, demasiado tarde para valorar realmente una actuación que había levantado curiosidad por todo el misterio que rodea al proyecto.

No hubo demasiado tiempo para lamentaciones. The Pretty Wild esperaban en el Ritual Stage y bastaron unos minutos para comprobar la potencia del dúo vocal formado por Jyl y Jules Wylde. Su propuesta puede entrar primero por la imagen, pero en Viveiro funcionó también por la alternancia entre voces melódicas y registros más agresivos, especialmente en canciones como “Sleepwalker” y “Button Eyes”.

Entre un concierto y el siguiente comenzó otro de los rituales del Resu: los reencuentros con compañeros de otros medios, las primeras conversaciones sobre bandas descubiertas por casualidad y, naturalmente, las primeras cañas de Estrella Galicia del fin de semana. El festival también se construye ahí, en esos minutos robados al programa mientras alguien recomienda el concierto que acabas de perderte.

Desde el Ritual nos desplazamos al Main Stage para ver a Thrown. Los suecos fueron directos al asunto: metalcore compacto, canciones breves y una sucesión de golpes pensada para no dejar espacios muertos. “Bloodsucker”, “Split”, “Backfire”, “Parasite”, “New Low” o “Guilt” mantuvieron el escenario bajo presión, aunque la similitud de estructuras dejó poco margen para cambiar la dinámica.

Su repertorio todavía es corto, pero en una actuación de festival esa concentración juega a su favor. Llegaron, apretaron y se marcharon sin perder el tiempo.

El primer descubrimiento de nuestra edición apareció, sin embargo, en el Desert Stage.

Last Train venían de telonear a Linkin Park en Francia apenas unos días antes, pero en Viveiro no actuaron con la prudencia de una banda que todavía pide permiso. Jean-Noël Scherrer fue un torbellino desde el principio: voz, guitarra y una intensidad física que parecía crecer a cada minuto.

El francés terminó bajando del escenario con el cable de la guitarra detrás, metiéndose entre los presentes y convirtiendo la distancia habitual entre banda y público en una formalidad bastante inútil. Disfrutamos como enanos. No tanto por el gesto de bajar al público, recurso que a estas alturas ya no garantiza nada por sí solo, sino porque encajaba con la tensión que habían construido antes. Había canciones, sonido y actitud. Cuando Scherrer se mezcló con la gente, el concierto ya estaba ganado.

The Browning Jonny McBee
Jonny McBee, voz de The Browning

Todavía alcanzamos a ver un fragmento de The Browning, con su mezcla de electrónica y deathcore apoyada grandes canciones, antes de regresar al Main Stage para A Day To Remember.

Los de Florida saben manejar un escenario grande y equilibrar los estribillos de pop punk con las caídas de metalcore. Frente a ellos había además un público que no necesitaba demasiadas instrucciones: mucha gente había crecido con aquellas canciones y reconocía cada cambio antes de que Jeremy McKinnon levantase el brazo.

The Downfall of Us All” abrió la actuación y el repertorio encontró algunos de sus mejores momentos en “All My Friends”, “The Plot to Bomb the Panhandle” e “If It Means a Lot to You”. Fue uno de esos conciertos donde la memoria generacional hace parte del trabajo, pero la banda debe estar a la altura para que aquello no se transforme en una reunión de antiguos alumnos. Y lo estuvo.

La técnica estaba ahí, pero el sonido no fue bueno y restó claridad a una música que depende precisamente de que cada detalle llegue bien definido.

Cambiamos después de registro para acercarnos al instrumental de LAMPR3A. En medio de un cartel dominado por vocalistas que reclaman atención desde el primer segundo, el trío planteó otro tipo de escucha. Borja Mintegiaga sostuvo buena parte del discurso con su guitarra, acompañado por J. I. Izaguirre y Mikel Gómez.

En una propuesta instrumental y progresiva, donde las dinámicas y los matices deben ocupar el espacio que normalmente corresponde a la voz, una mezcla poco agradecida se nota el doble. El virtuosismo de Mintegiaga consiguió asomar, aunque el concierto merecía mejores condiciones.

El primer anticipo de Sabaton llegó incluso antes de entrar de nuevo en el recinto. De regreso de la playa desde la lanzadera vimos a Joakim Brodén y a dos de sus escuderos. La escena quedó inmortalizada en una fotografía tomada desde el propio autobús: uno de esos encuentros casuales que solo parecen ocurrir durante un festival, cuando músicos y público terminan compartiendo carreteras, terrazas y trayectos.

Ya de noche, Sabaton desplegaron su enorme tanque, las pantallas, el fuego y toda la maquinaria escénica que acompaña habitualmente sus conciertos. “Ghost Division” sirvió de arranque, seguida por “The Red Baron”, “The Last Stand” y “Great War”. Más adelante, las luces de los teléfonos acompañaron “Christmas Truce”, uno de los momentos en los que el espectáculo redujo el estruendo y buscó una solemnidad más calculada.

Joakim Brodén manejó el Main Stage con la seguridad de quien conoce cada movimiento de su espectáculo. Su fórmula está medida casi al centímetro y puede resultar previsible para quienes los hayan visto varias veces, pero continúa funcionando porque debajo de toda la escenografía existen canciones que sus seguidores han convertido en himnos propios.

Cronica Resurrection Fest 2026 Sabaton

Nos marchamos antes de Testament. Mala decisión a tenor de lo que nos contaron al día siguiente: los estadounidenses habían firmado un bolazo en el Ritual. En un festival de estas dimensiones siempre queda alguna deuda. La nuestra empezó pronto.

Jueves: Elin Larsson desafía a los gigantes

El jueves llegamos cuando Fallen At Dawn estaban terminando su actuación en el Main Stage. Apenas hubo margen para situarse antes de cruzar el recinto hacia el Ritual, donde esperaban nuestros amigos de Her Anxiety.

La formación viguesa respondió con un concierto firme y bien defendido, con Aída Otero alternando partes melódicas y guturales mientras frente al escenario se abrían los primeros circle pits de la tarde. Jugar en casa no garantiza nada —a veces incluso añade presión—, pero supieron aprovechar la cercanía de un público predispuesto sin acomodarse en ella.

Her Anxiety Resurrection Fest 2026

Caskets aportaron después una vertiente más melódica del metalcore antes de que Burning Witches levantasen la jornada con uno de los grandes conciertos del jueves.

Laura Guldemond Burning Witches Resu 2026
Laura Guldemond

Las suizas entraron sin complejos en un cartel donde el heavy metal clásico no siempre ocupa el centro y defendieron canciones como “The Witch of the North”, “Lucid Nightmare”, “Black Widow” y “High Priestess of the Night” con guitarras dobladas, estribillos reconocibles y una ejecución sin adornos innecesarios.

Laura Guldemond estuvo enorme al frente, con una voz capaz de elevarse sobre las guitarras sin perder fuerza. A sus lados, Romana Kalkuhl y Courtney Cox formaron una pareja especialmente efectiva. Las dos tuvieron peso real en la actuación, aunque Cox terminó acaparando buena parte de las miradas: precisión, velocidad y una manera de atacar cada intervención que evitó que los solos pareciesen simples demostraciones técnicas.

No fue una recreación de museo ni una sucesión de poses heredadas. Sonaron potentes, se movieron con naturalidad y conectaron con un público que agradeció escuchar riffs reconocibles sin capas innecesarias. A esas horas, mientras parte del recinto todavía administraba fuerzas pensando en Iron Maiden, Burning Witches actuaron como si el día terminase con ellas. Esa suele ser una buena política.

Nada más finalizar, tocó correr hacia el Desert Stage. Allí esperaba Blues Pills y, con ellos, uno de los dilemas importantes de la jornada: al mismo tiempo, Angelus Apatrida ocupaban el Main Stage.

Los albaceteños son siempre una garantía, pero los habíamos visto hacía poco abriendo para Megadeth en el Coliseum de A Coruña. Había que elegir y esta vez la curiosidad pesó más.

angelus apatrida

Acertamos.

Quienes ya conocían a Blues Pills sabían qué podía ocurrir.

Quienes llegaban a ciegas tardaron poco en entenderlo. La conversación fue prácticamente unánime durante el bolo: menudo huracán es Elin Larsson.

Cronica Resu 2026 Blues Pills 4
Elin Larsson

La vocalista sueca no se limitó a cantar con una voz enorme, áspera cuando la canción lo pedía y capaz de elevarse sin perder cuerpo. Recorrió el escenario, se retorció con cada frase y empujó al resto de la banda hasta convertir el concierto en algo mucho más físico de lo que sugieren algunas de sus grabaciones. Su presencia no tapó al grupo; lo arrastró hacia arriba.

Blues Pills mezclaron hard rock, psicodelia y blues sin sonar encerrados en una época. Ese es uno de sus méritos. Hay muchas bandas capaces de reproducir correctamente los códigos de los setenta; bastantes menos consiguen que dejen de parecer un ejercicio de estilo. En el Desert Stage hubo electricidad, canciones y una cantante que hizo que más de uno mirase el reloj con fastidio al descubrir que el concierto estaba llegando a su fin.

Después de un pequeño descanso para comer y reponer fuerzas, el campo comenzó a llenarse de verdad. Iron Maiden estaban a punto de aparecer y el recinto adquirió ese aspecto de gran ocasión en el que cualquier trayecto sencillo se convierte en una negociación entre hombros, vasos y gente buscando a sus amigos.

Iron Maiden Resurrection Fest 2026
La voz de Bruce sigue dándonos muchas alegrías

La expectación estaba justificada. Maiden ofrecieron un grandísimo concierto, con Bruce Dickinson dominando el escenario, Steve Harris disparando el bajo hacia las primeras filas y las guitarras de Dave Murray, Adrian Smith y Janick Gers repartiéndose melodías que forman parte del vocabulario básico del heavy metal.

El repertorio de la gira Run for Your Lives recorría sus primeros nueve discos. “Murders in the Rue Morgue”, “Wrathchild”, “Killers” y “Phantom of the Opera” abrieron camino antes de “The Number of the Beast”, “Powerslave”, “Rime of the Ancient Mariner”, “The Trooper” y “Hallowed Be Thy Name”. En los bises llegaron “Aces High”, “Fear of the Dark” y “Wasted Years”.

Fue un concierto enorme. Quizá no alcanzó, al menos para nosotros, la épica de su primera visita a Viveiro. Las expectativas, el recuerdo y el contexto también juegan; no todos los encuentros con una banda pueden tener el mismo peso emocional. Pero incluso sin aquella sensación de acontecimiento irrepetible, Maiden volvieron a demostrar que saben llenar un espacio de esas dimensiones sin que el espectáculo se coma a los músicos.

Anthrax cerraron nuestra jornada con oficio y energía. “Among the Living” puso en marcha una actuación que enlazó “Got the Time”, “Madhouse”, “Caught in a Mosh” y “Metal Thrashing Mad”. También hubo espacio para “Keep It in the Family”, “Medusa”, “Indians”, “Antisocial” y el cierre con “I Am the Law”.

Scott Ian sigue atacando cada riff como si acabase de descubrirlo y Joey Belladonna conserva una voz reconocible y una movilidad envidiable. Después de tantas horas de festival, necesitábamos una banda capaz de evitar que el cuerpo entendiese que ya era momento de regresar. Anthrax lo consiguió a base de velocidad, sonrisas y canciones que no admiten demasiada quietud.

Anthrax

Viernes: Trivium se impone y Limp Bizkit se interrumpe a sí mismo

El viernes ya costó levantarse algo más. El cuerpo empezaba a llevar la cuenta de los kilómetros recorridos entre escenarios, las horas de pie y las decisiones alimenticias discutibles. Aunque no todas fueron discutibles: desayunar un delicioso pulpo en el Louzao a eso de las dos y media de la tarde nos pareció una medida perfectamente sensata.

Llegamos al recinto con Nevertel apurando su descarga. Después vimos a Not Yet, pero buena parte de la conversación de aquellas primeras horas giraba ya alrededor de The Rasmus. Algunos teníamos especial interés en verlos y pronto quedó claro que no estaba solo: entre compañeros de prensa aparecieron varias confesiones, algunas pronunciadas con la cautela de quien admite un viejo amor musical.

No había razón para esconderse.

lauri ylonen the rasmus resurrection fest 2026

The Rasmus salieron a explotar un repertorio lleno de canciones reconocibles, con Lauri Ylönen al frente y una banda que entiende perfectamente qué busca buena parte del público cuando acude a verlos. “Break These Chains” abrió el concierto y después llegaron “Guilty”, “Rest in Pieces”, “No Fear”, “Immortal”, “F-F-F-Falling”, “Livin’ in a World Without You”, “First Day of My Life” y, naturalmente, “In the Shadows”.

La nostalgia estuvo presente, pero no apareció cubierta de polvo. Podrían haberse limitado a administrar aquellos recuerdos con cierta frialdad. No lo hicieron. Lauri mantuvo el control, la banda sonó viva y el concierto fue creciendo hasta convertir aquella supuesta pasión culpable en una celebración bastante poco culpable. Al final, los prejuicios duran menos cuando todo un campo canta la misma melodía.

Hulder ofreció en el Ritual Stage una descarga de black metal clásico, profunda y bien sostenida por la banda que acompaña en directo a Marliese Beeuwsaert. Ella concentró buena parte de las miradas con una interpretación seria, intensa y sin poses innecesarias. La estética del escenario y el cielo nublado ayudaron a crear una atmósfera especialmente adecuada para sus composiciones, demostrando además que este tipo de propuestas también encuentra su público en el Resurrection Fest.

Trivium elevaron después el nivel de la jornada. Para muchos de los que estaban allí fue directamente el mejor concierto del viernes, una valoración difícil de discutir viendo la precisión y la contundencia con la que ocuparon el Main Stage.

The End of Everything” introdujo “Pull Harder on the Strings of Your Martyr”, antes de que “Strife”, “A Gunshot to the Head of Trepidation” y “The Sin and the Sentence” confirmasen que aquello iba muy en serio. “Down From the Sky”, “Until the World Goes Cold”, “Like Light to the Flies” y “Throes of Perdition” mantuvieron el nivel de un repertorio construido para contentar a seguidores de varias etapas.

Matt Heafy, Corey Beaulieu, Paolo Gregoletto y Alex Bent forman una maquinaria precisa, pero no fría. Hay formaciones que convierten la técnica en una barrera. Trivium hacen lo contrario: la utilizan para dar más fuerza a cada estribillo, cada cambio y cada solo. En Viveiro sonaron grandes, cómodos en ese espacio y sin necesidad de sobreactuar para reclamarlo.

Gaerea ofrecieron a continuación un cambio completo de atmósfera. Oscuridad, tensión y una propuesta que ha ido ampliando sus márgenes más allá del post-black metal con el que muchos los conocimos. “Nomad”, “Phoenix”, “Luminary” y “Hope Shatters” formaron parte de una actuación muy apoyada en su nuevo material.

Su evolución puede generar debate entre quienes prefieren la aspereza de sus primeros pasos, pero el directo continúa teniendo intensidad y una identidad visual reconocible. La producción de estudio no siempre encontró la misma profundidad sobre el escenario, especialmente en algunos coros y capas vocales, aunque la banda mantuvo la tensión.

Cuando la banda tocaba, el concierto funcionaba.

Después llegó Limp Bizkit, uno de los nombres más reclamados durante años por el público del Resurrection Fest. Cuando la banda tocaba, el concierto funcionaba.

“Hot Dog” y “Break Stuff” provocaron la primera sacudida, seguidas por “9 Teen 90 Nine”, la versión de “Faith”, “My Generation”, “Livin’ It Up” y “My Way”. Más adelante llegaron “Rollin’”, “Nookie”, “Behind Blue Eyes” y “Take a Look Around”, antes de recuperar nuevamente “Break Stuff” para el cierre.

Fred Durst conoce el oficio, Wes Borland sigue siendo un guitarrista singular y las canciones más conocidas provocaron una respuesta física inmediata. Saltos, pogos y un campo convertido en una masa en movimiento.

El problema estuvo en todo lo que ocurrió entre canción y canción.

Nada más terminar el primer tema llegó un parón de varios minutos sin explicación. No sería el último. Las interrupciones cortaron repetidamente el desarrollo y terminaron empañando —en nuestra opinión— una actuación que tenía ingredientes suficientes para convertirse en uno de los momentos de la edición. Cada vez que el concierto tomaba altura, otra pausa obligaba a empezar de nuevo.

No se trata de exigir una sucesión atropellada de canciones. Un gran concierto también necesita silencios, cambios de intensidad y conversación. Pero los parones deben construir algo. Cuando simplemente detienen, la energía se escapa y no siempre regresa completa.

Limp Bizkit fueron grandiosos por momentos, especialmente cuando dejaron que su repertorio hablase por ellos. El público quería celebrar su llegada a Viveiro y respondió cada vez que recibió motivos. Precisamente por eso quedó cierta frustración. Había un concierto magnífico escondido allí dentro, pero apareció a trompicones.

Cronica Resurrection Fest 2026 limp bizkit

Sábado: el sol no entiende de doom

La última jornada comenzó para nosotros con Hamlet. Llegamos al recinto para verlos y la elección volvió a demostrar que pocas bandas nacionales resultan tan fiables cuando pisan un escenario de festival.

Hamlet nunca fallan. No hace falta adornarlo demasiado.

Molly continúa siendo un frontman formidable y el grupo volvió a sonar compacto, pesado y cercano. “Egoísmo” provocó uno de los grandes movimientos de público de la actuación, mientras “J.F.” e “Irracional” quedaron reservadas para una recta final reconocida y cantada por buena parte del Main Stage.

Después llegó el turno de Todo Mal en el Ritual Stage. Su atmospheric doom y su rock oscuro tienen sentido en un espacio cerrado, de noche o bajo una luz que acompañe el carácter de las canciones. A plena tarde, con el sol pegando fuerte, la propuesta no terminó de encajar.

No fue necesariamente un problema de ejecución, sino de contexto. El tempo lento, la densidad y el estado de ánimo del grupo chocaban con una franja en la que buena parte del público todavía intentaba activar el cuerpo. El sol no entiende de doom y el horario tampoco ayudó. La actuación dejó al recinto en un punto demasiado bajo cuando la jornada pedía justamente lo contrario.

Mientras Imminence ocupaban el Main Stage, nos desplazamos para ver a The Gems. La elección volvió a dar resultado. Las suecas ofrecieron una fantástica descarga de hard rock, con Guernica Mancini dirigiéndose al público en castellano, guitarras clásicas, armonías vocales y hasta una pequeña clase para aprender a brindar diciendo skål.

El suyo fue uno de esos conciertos que justifican abandonar durante un rato el recorrido más evidente del cartel. No necesitaban descubrir nada nuevo para resultar convincentes. Bastaba con tocar bien, mostrarse cercanas y entender que el hard rock también puede respirar sin convertirse en una exhibición de poses.

Hand of Juno mantuvieron el interés con su combinación de metal moderno, electrónica y diferentes registros vocales. Melissa Bruschi alternó partes melódicas con una interpretación más agresiva y teatral, mientras la banda fue reuniendo público a pesar del horario y del sol.

P.O.D. activaron después la memoria de principios de siglo. Sonny Sandoval continúa siendo un vocalista cercano y efectivo, capaz de dirigir al público sin convertir cada pausa en un discurso. Al comienzo hubo alguna dificultad para escuchar su voz con claridad, pero el sonido mejoró a medida que avanzaba el concierto.

La banda recuperó además “Don’t Let Me Down” de The Beatles antes de volver a los ritmos más pesados y pedir la apertura de un gran moshpit. Nos hicieron cantar sus temas más reconocibles y confirmaron que su mezcla de rap, metal y rock alternativo ha envejecido mejor de lo que algunos habrían pronosticado.

No fue solo nostalgia. La formación sonó compacta y mantuvo una alegría escénica que evitó cualquier sensación de trámite. Hay grupos que regresan a sus éxitos como quien abre una vitrina. P.O.D. todavía los tocan como canciones vivas.

Distant 1
Alan Grnja, vocalista de Distant

Tras Distant llegó Mastodon, esta vez con Nick Johnston a la guitarra. Su presencia añadió curiosidad a una formación obligada a reconfigurarse, aunque también despertó otro pensamiento inevitable: qué bien habría encajado su proyecto en solitario dentro del Desert Stage.

“Tread Lightly”, “The Motherload” y “The Crux” abrieron una actuación que también incluyó “Your Ghost Again”, “Crystal Skull”, “Black Tongue”, “Megalodon”, “Crack the Skye”, “Steambreather” y el cierre con “Blood and Thunder”.

Mastodon centraron toda la atención en la música. Cambios de ritmo, guitarras densas, pasajes progresivos y una base sostenida desde la batería por Brann Dailor. No son una banda que necesite perseguir constantemente la respuesta del público. Exigen otra clase de atención, menos física y más concentrada.

Por momentos su complejidad puede resultar pesada dentro de una última jornada, cuando el cansancio acumulado empieza a imponer su propio criterio. Aun así, su concierto tuvo peso y dejó detalles suficientes para quienes prefieren observar una banda antes que saltar con ella.

Dogma aparecieron en el Ritual con camisetas de la selección española. Un guiño sencillo para ganarse al público antes de empezar; hacer un poco la pelota tampoco ha matado nunca a nadie. Quizá la ausencia de Vindicta, que se encontraba de gira, influyó también en la configuración de aquella actuación.

Forbidden Zone”, “My First Peak”, “Made Her Mine”, “Fate Unblinds” y “Carnal Liberation” formaron parte de un repertorio que también incluyó su versión de “Like a Prayer”.

Cuando una propuesta construye tanto ruido a su alrededor, el concierto debe justificarlo.

La banda, sin embargo, no terminó de convencernos. El sonido fue malo y restó pegada a unas canciones que necesitan contundencia para sostener todo el aparato visual. La puesta en escena, más allá de la estética de monjas provocadoras, las camisetas y algunos movimientos calculados, tampoco ofreció demasiado.

Cuando una propuesta construye tanto ruido a su alrededor, el concierto debe justificarlo. En Viveiro, la imagen volvió a llegar antes que la música y la música no consiguió alcanzarla. Hubo expectación, poses y concepto, pero faltó un directo capaz de hacer que todo aquello dejase de parecer simplemente un envoltorio.

Marilyn Manson concentró después a buena parte del festival ante el Main Stage. La decisión nos obligó a perdernos a The Vintage Caravan, otra de esas renuncias dolorosas que forman parte de cualquier Resurrection Fest. No se puede estar a todo, aunque durante cuatro días uno insista en demostrar lo contrario.

Manson abrió con “Nod If You Understand” antes de enlazar “Disposable Teens”, “Angel With the Scabbed Wings” y “Great Big White World”. El repertorio también recuperó “The Nobodies”, “The Dope Show”, “Sweet Dreams”, “mOBSCENE” y “The Beautiful People”, mientras “Exit Wound” vivió su estreno en directo. En los bises llegaron “Tourniquet” y una recuperada “Personal Jesus”.

Marilyn Manson Resurrection Fest 2026
Fotografía: Resurrection Fest

Fue un concierto oscuro, bien medido y sin el desorden que acompañó otras etapas de su carrera. Manson no necesitó moverse demasiado ni forzar constantemente el personaje. Caminó por el escenario, jugó con el pie de micrófono y dejó que una banda muy bien ajustada construyese el peso de las canciones.

La actuación hizo que el festival girase durante un rato a su alrededor. Había curiosidad, seguidores de varias generaciones y también quienes se acercaban para comprobar qué versión del personaje encontrarían en Viveiro. Sobre el escenario apareció un artista más concentrado en el repertorio que en alimentar el escándalo. Y le sentó bien.

Con Marilyn Manson terminó nuestro Resurrection Fest 2026. Quedaban conciertos, pero también un cuerpo que empezaba a presentar una reclamación formal. Atrás quedaban cuatro días de carreras, decisiones, cervezas, comidas a horas impropias y conversaciones sobre bandas que cada uno había vivido desde un punto diferente del recinto.

Iron Maiden ofrecieron el gran concierto que se esperaba de ellos, aunque el recuerdo de su primera visita siga ocupando otro lugar. Sabaton desplegaron su maquinaria, Anthrax demostraron que el oficio no está reñido con la diversión y Marilyn Manson cerró con autoridad. Limp Bizkit tuvieron momentos enormes, pero, en nuestra opinión, sus inexplicables interrupciones impidieron que el conjunto alcanzase la altura deseada.

Buena parte de lo mejor apareció, sin embargo, fuera de la ruta principal. Last Train con Jean-Noël Scherrer entre el público. Elin Larsson adueñándose del Desert Stage. Burning Witches defendiendo el heavy clásico a plena tarde, con Courtney Cox especialmente inspirada. Trivium firmando para muchos el concierto del viernes. The Rasmus convirtiendo una vieja pasión en canto colectivo. The Gems, Her Anxiety o Hand of Juno aprovechando sus minutos.

Ahí continúa estando una de las virtudes del Resurrection Fest. Los cabezas de cartel venden entradas y llenan el campo, pero el festival se recuerda también por esa banda que obligó a cambiar el itinerario, por el concierto al que llegaste sin grandes expectativas y por aquello que te contaron al día siguiente porque estabas en otro escenario.

Nosotros nos marchamos con varias de esas historias, alguna deuda pendiente y una certeza nada nueva: cuatro días parecen muchos hasta que empieza a sonar la primera banda. Después, como siempre, no hay tiempo para todo.

Fotografías público Resurrection Fest 2026





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