Crónica Megadeth en A Coruña: cátedra de thrash de Dave Mustaine y los suyos

Actualizado el: 4 de junio, 2026

Crónica Megadeth en A Coruña: la banda regresó al Coliseum con una lección de thrash sin decorados ni fuegos artificiales: riffs, mucho oficio y una formación que sostuvo con contundencia lo que la voz de Dave Mustaine ya no puede defender por sí sola. Antes, Crisix y Angelus Apatrida calentaron una noche que fue creciendo desde un aforo discreto hasta una grada que rozó el lleno.

Crónica de Crisix

Puntuales, con el Coliseum todavía lejos de presentar su mejor entrada, aparecieron Crisix. Había algo de reencuentro en el aire: los catalanes volvían tras un parón de dos años y con el disco en solitario de Juli Bazooka, Midnight Brujo, todavía reciente en la conversación, ese giro hacia el synthwave y el terror ochentero del que ya hablamos en Guitar Calavera. No era una mala manera de volver al ruedo: una hora escasa de thrash, sudor y ganas de recordar que Crisix siguen siendo una de esas bandas que entienden el escenario como un lugar donde se viene a dar cera.

El arranque no ayudó del todo. El sonido salió algo plano, sin la pegada que necesitaban unos riffs que viven precisamente de morder desde el primer segundo. Pero el concierto fue cogiendo cuerpo poco a poco. A medida que avanzaba la descarga, la banda empezó a sonar más compacta, la batería empujó con más claridad y las guitarras encontraron ese punto de velocidad atropellada pero controlada que les sienta tan bien. Juli tiró del público como suele hacerlo: sin solemnidad, con esa mezcla de frontman de barrio y agitador profesional que convierte cualquier hueco en una invitación al movimiento.

cronica Crisix Coliseum A Coruna Megadeth 10

Entre los momentos más celebrados estuvo “Fast Music”, nuevo tema que entró con nervio y que funcionó mejor en directo que sobre el papel de una simple novedad. Después llegó uno de esos detalles que resumen bien el espíritu de Crisix: Juli abandonó el escenario y la banda se lanzó a un medley con guiños reconocibles al instante, de “Walk” de Pantera a “Antisocial” de Anthrax. Puro patio de instituto metalero, pero interpretado con la garra suficiente para que la broma no se quedara en karaoke.

El remate tuvo una de las imágenes de la noche para ellos: Marc Busqué bajándose al centro del público y terminando la última canción en el epicentro de un circle pit. Hay gestos que, contados en frío, parecen manual de banda de thrash; vistos allí, entre empujones y sonrisas, siguen funcionando porque no tienen trampa.

Fotografías Crisix Coliseum A Coruña

Angelus Apatrida

Con Angelus Apatrida el recinto ya presentaba otro aspecto. La grada estaba mucho más llena y el ambiente había cambiado de densidad. Los albaceteños no necesitan demasiadas florituras para imponerse: salen, ajustan el punto de mira y disparan. Lo suyo fue contundencia, precisión y thrash metal de primer nivel, con una banda que lleva años jugando en las grandes ligas donde la fiereza no está reñida con la claridad.

Sonaron “Of Men and Tyrants”, “Violent Dawn” y “Give ’Em War”, cortes que sirvieron para medir la temperatura real del Coliseum de A Coruña. Y la temperatura era buena. Angelus tienen esa virtud de sonar enormes sin perder el filo, con una base rítmica que no da demasiadas opciones al despiste y unas guitarras que avanzan como maquinaria pesada. “Sharpen the Guillotine” elevó el recinto y, antes de encarar el tramo final, nos recordaron que pronto nos veríamos en el Resurrection Fest.

Fotografias Angelus Apatrida Coliseum A Coruna Megadeth 5

El cierre con “You Are Next” fue una apisonadora brutal. No hubo sorpresa conceptual ni falta que hacía: hubo saber hacer, pegada y una sensación clara de que Angelus Apatrida están en un momento en el que pueden mirar de frente a cualquiera en un cartel internacional. Para cuando se apagaron sus últimos golpes, el Coliseum ya estaba preparado para el nombre que todos habían venido a ver.

Fotografías Angelus Apatrida

Crónica Megadeth en A Coruña

A las 22:00 h, puntual, un haz de luz abrió el camino y apareció Dave Mustaine. Quince años después de su última visita al Coliseum, la silueta seguía siendo reconocible incluso a pesar del cambio a Gibson de los últimos años: esa Flying V convertida casi en extensión corporal, ese perfil afilado y esa manera de ocupar —cada vez más encorvado— el escenario sin necesidad de correr un metro de más.

Dave Mustaine Crónica Megadeth en A Coruña

Megadeth salían, en un concierto enmarcado dentro de The Farewell Tour, y el público respondió con una mezcla de grito, alivio y memoria. Creo que todos teníamos la sensación de que íbamos a ver una noche única y, probablemente, irrepetible. No todos los conciertos de una banda veterana se viven igual: algunos son celebración, otros rutina, otros una despedida encubierta aunque nadie quiera decirlo demasiado alto. Aquí había algo de todo eso. Mustaine ya no canta como antes, y sería absurdo fingir lo contrario. La voz está cascada, como ya pudimos comprobar en su última aparición en el Resurrection Fest, pero conserva esa agresividad seca, ese fraseo venenoso y esa mala leche que siempre han sido parte de su ADN. Dave nunca fue un cantante bonito. Eso, paradójicamente, le salva ahora.

A su alrededor, la banda funcionó como un seguro de vida. Teemu Mäntysaari, flanqueando a Mustaine, es un mercenario de lujo en el mejor sentido posible: técnicamente perfecto, quirúrgico, quizá tan fiel a los originales que a veces uno echa de menos algo más de riesgo, pero con una limpieza insultante en cada riff y cada solo. En Megadeth precisamente eso no es un detalle menor; es directamente, junto con los icónicos riffs, el suelo sobre el que se sostiene todo. Dirk Verbeuren y James LoMenzo, por su parte, ofrecieron pegada y solidez, sin aspavientos y sin un solo gesto de duda. Una sección rítmica que no pide protagonismo, pero pone todo en sus sitio con una contundencia brutal.

Teemu Mantysaari Megadeth en Coliseum A Coruna 4
Teemu Mäntysaari

Tipping Point” —primer adelanto y tema que abre su último trabajo— abrió la descarga, pero fue “Hangar 18” la que encendió de verdad el Coliseum. Ese riff sigue teniendo algo de laboratorio militar y autopista al infierno, y en directo conserva la capacidad de poner recta la espalda incluso al más escéptico. El set fue combinando material reciente y clásicos con inteligencia, dejando espacio para que todas y todos coreáramos “A Tout le Monde” a pleno pulmón, una de las sorpresas de la noche y una canción que no había sonado en la fecha anterior de Valencia. También entraron “Trust”, “Countdown to Extinction”, “Angry Again”, “Tornado of Souls”, “Symphony of Destruction” y “Holy Wars… The Punishment Due”, dentro de un repertorio que sumó dieciocho temas.

“A Tout le Monde” tuvo ese punto de respiro extraño pero inigualable: una melodía casi luminosa metida en mitad de una maquinaria hostil. Funcionó. “Trust” volvió a recordar que la banda también sabe jugar con la tensión sin acelerar siempre hasta el borde del barranco. Y “Countdown to Extinction” sonó con esa gravedad de himno adulto, menos inmediato que otros clásicos pero con un peso específico que se nota en cuanto cae el primer golpe.

La recta final fue, como era de esperar, territorio sagrado para los fieles. “Tornado of Souls” volvió a poner sobre la mesa una de esas discusiones eternas del metal: si contiene o no el mejor solo de guitarra de la historia del género. Lo que sí se puede decir sin necesidad de abrir un congreso es que Teemu lo interpretó de forma magistral, con una fidelidad casi milimétrica y la elegancia que le caracteriza. Después llegó la inevitable “Symphony of Destruction”, tan manida como efectiva y con el ya clásico «Megadeth, Megadeth,… aguante Megadeth» coreado por todas y todos. Hay canciones que uno ha escuchado demasiadas veces y que, aun así, cuando suenan delante de miles de personas, vuelven a cumplir su función como un martillo viejo que todavía puede con cualquier clavo.

Y entonces “Holy Wars… The Punishment Due”. Ahí no hay discusión posible. Es uno de esos cierres que no necesitan fuegos, pantallas gigantes ni trucos de feria. Solo una banda tensando el músculo hasta el último segundo y un público entendiendo que, cuando ese riff aparece, conviene dejar de analizar y simplemente dejarse arrastrar.

Megadeth no ofreció un concierto perfecto. La voz de Mustaine marca límites evidentes y algunos pasajes viven más del peso histórico que de la frescura actual. Pero tampoco fue una postal decadente ni un ejercicio de nostalgia cómoda. Fue un recital de thrash directo, sobrio y con más verdad que artificio. Sin disfraces, sin fuegos artificiales, sin una producción pensada para tapar grietas. Solo riffs, oficio y una banda dando la cara.

Y eso, en tiempos donde a veces se confunde espectáculo con distracción, tiene bastante valor.

Fotografías Megadeth y público

Cronica Megadeth en A Coruna 5




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