JET escogieron la Sala Capitol con sold out incluido y una noche de calor asfixiante para ofrecer su primer concierto en Galicia en el marco del UnderFest Xacobeo 2026. Los australianos exprimiero su Get Born, dejaron espacio para su material reciente y hasta se atrevieron con AC/DC, confirmando que lo suyo es el rock directo que no necesita adornos. El problema fue otro: cuando el concierto alcanzó su mejor temperatura, el final llegó demasiado pronto.
Las puertas abrieron a las 20:30 horas y, apenas media hora después, Jet aparecieron sobre el escenario con una puntualidad poco menos que australiana. No había entradas. Su primer concierto en Galicia llegaba con el cartel de sold out y con un público en el que convivían quienes descubrieron a la banda durante la explosión del rock de comienzos de siglo y quienes se acercaban ahora a comprobar cuánto músculo conserva aquel repertorio.

La respuesta llegó enseguida. Sin introducciones innecesarias ni tiempo para acomodarse, comenzaron con “Last Chance”, el corte que abre Get Born, el álbum con el que se presentaron al mundo en 2003. La elección tenía sentido: guitarra directa, batería contundente y una canción que funciona como declaración de principios. Jet habían venido a tocar rock and roll.
Antes incluso de publicar aquel debut ya contaban con una credencial difícil de discutir: The Rolling Stones los habían elegido para abrir su gira australiana de 2003. Más de dos décadas después, aquella escuela sigue apareciendo en la manera de entender el escenario. Todo sucede alrededor de los riff, del ritmo y de una banda que toca con la naturalidad de quien no necesita convertir cada canción en un acontecimiento visual.
Interpretaron “Put Your Money Where Your Mouth Is” y “She’s a Genius” terminó de colocar el concierto en velocidad de crucero. El sonido acompañó: guitarras poderosas, una base rítmica firme y la voz de Nic Cester liderando todo en la Capitol, Cester es capaz de rugir pero también capaz de rebajar la intensidad cuando el repertorio lo pide.
Entre varios cortes de sus primeros discos apareció “Hurry Hurry”, el sencillo publicado en 2024 y posible avance de una nueva etapa discográfica. No desentonó entre el material clásico, algo que no siempre resulta sencillo cuando buena parte del público ha acudido con canciones de hace veinte años instaladas en la memoria. El tema conserva la urgencia habitual del grupo y demuestra que Jet no pretenden vivir únicamente del retrovisor, aunque sean plenamente conscientes de qué álbum sostiene buena parte de su relación con la audiencia.
El concierto bajó después de revoluciones con “Move On”. Fue uno de esos momentos en los que la sala dejó de comportarse como una concentración de guitarras y empezó a escuchar con algo más de calma. Todavía más reconocible resultó “Look What You’ve Done”, probablemente una de las canciones que mejor explica la otra cara de los australianos: melodía de apariencia sencilla, cierto poso melancólico y una interpretación que no necesita ser exagerada para funcionar.

Nic animó al público a acompañarlo con un “No seas tímidos”. No era exactamente timidez. Nuestro inglés sigue siendo regular y, además, la memoria tampoco ayuda como antes. A comienzos de los dos mil muchos habríamos cantado cada frase sin pestañear; dos décadas después uno recuerda perfectamente el estribillo, pero las estrofas empiezan a esconderse en algún lugar entre las contraseñas olvidadas y las letras de canciones que jurábamos no perder nunca. Cosas de la edad, suponemos.
La sorpresa de la noche llegó con “It’s a Long Way to the Top (If You Wanna Rock ’n’ Roll)”, de AC/DC. Versionar a la banda australiana más reconocible de la historia es un terreno resbaladizo. Sus canciones parecen sencillas hasta que alguien intenta tocarlas sin el balance, el ritmo y la voz adecuados. Jet salieron bien parados. Cester tiene garganta para moverse en ese registro complicado sin caer en una imitación forzada, mientras el grupo respetó la fuerza de la original llevándola a su propio terreno.
A esas alturas el calor dentro del recinto ya había pasado de incómodo a protagonista secundario. El lleno absoluto, la proximidad entre el público y la intensidad del concierto habían convertido la sala en una pequeña sauna con amplificadores. Sobre el escenario tampoco parecía correr demasiado aire, pero el ritmo apenas cedió.
Entonces apareció “Are You Gonna Be My Girl”, el éxito internacional que convirtió a Jet en una de las bandas inevitables de principios de los 2000. Su conocida entrada de batería y bajo provocó la reacción más inmediata del concierto. No hizo falta pedir palmas ni organizar al público: la canción lleva más de veinte años haciendo ese trabajo sola. La sala saltó, cantó lo que pudo y terminó de entregarse a una banda que, en ese momento, sonaba tan directa como en sus primeros años.

La recta final mantuvo el nivel con “Rollover D.J.” y “Cold Hard Bitch”, dos ejemplos del rock de JET, pegadizo y sin demasiadas vueltas que siguen defendiendo con absoluta convicción. Cerca de las 22:28 horas hicieron una pausa para refrescarse. No se les podía reprochar. El calor era asfixiante y la banda llevaba buena parte del concierto tocando con el acelerador presionado.
Tras el pequeño parón, Nic Cester regresó solo para interpretar “Shine On” en acústico. La presentó como una canción especialmente importante para él y el cambio de formato dio al concierto un breve espacio de intimidad. Sin la electricidad del resto de la banda, su voz ocupó toda la sala y recordó que detrás de los riffs también existe un compositor capaz de sostener una canción casi sin acompañamiento.
“Come Around Again” sirvió de transición antes de recuperar el rock más directo para el cierre. “Rip It Up” puso el punto final con el ritmo acelerado y la banda apretando sus guitarras al máximo. Un desenlace coherente con todo lo anterior: sin confeti, sin discursos eternos y sin necesidad de convertir la despedida en una ceremonia.
Jet dejaron dos conclusiones bastante claras en su estreno gallego. La primera es que no hacen falta grandes artificios para ofrecer un concierto de rock contundente. Buenas canciones, una banda sólida y un sonido a la altura siguen siendo argumentos suficientes. La segunda es menos favorable: aquello se hizo corto.
No porque el concierto no funcionase, sino precisamente porque estaba funcionando cuando llegó el momento de despedirse. Con varios discos publicados y un debut lleno de canciones reconocibles, había repertorio de sobra para estirar la actuación. Un concierto de estas características pide al menos una hora y media de música efectiva, especialmente después de agotar las entradas y esperar más de dos décadas para pisar Galicia.
Jet tocaron bien, sonaron con fuerza y evitaron convertir su regreso en un ejercicio de nostalgia de cartón piedra. Pero cuando una sala llena todavía quiere más y la banda ya ha alcanzado su mejor temperatura, marcharse tan pronto deja una sensación inevitable: gran concierto, sí; ración demasiado pequeña.











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