Crónica: El rock directo y enérgico de Black Bone supera las expectativas en la Sala Barracudas

0

Cuando mis compañeros me comentaron que Black Bone estaban de gira no dudé ni un momento en pasarme a verles. Tal como ya comenté en el repaso a su disco “Blessing in Disguise”, prometía mucho un concierto suyo en un local pequeño, y el Barracudas, desde luego, podía ser perfectamente el lugar adecuado.

La velada comenzó de forma algo perezosa con los españoles Alterevo, entre lo que seguro que eran sus incondicionales y algún que otro parroquiano. No era difícil distinguir desde el principio de la noche tres tipos altos con pinta de rockeros serios e inexpresivos deambulando por el local, observando a ratos al grupo que les precedía. Mientras iban acabando éstos, no perdía la esperanza de que se sumara más gente a ver a los holandeses, aunque finalmente no terminó de ser así. No les dio pereza comenzar por ello, de todas formas. Afinados, prueba de sonido, y al lío. Saludaron convenientemente en inglés y se les olvidó la seriedad que desprendían, o más bien se nos olvidó a nosotros, dejando claro que se alegraban de volver a la “fucking Spain”. Lo que sigue a continuación es lo que unos pocos afortunados pudimos disfrutar…

Abrieron con “Enemy”, a todo volumen. Empezaron muy fuerte. La estupefacción de la gente por lo que daba de sí el trío dio paso a “Believe” y “Never too Loud” del tirón, el setlist estaba bien aprendido pero no daba la sensación de que tuvieran prisa por acabar la noche. Debieron notar que los pocos presentes necesitaban un empujón para dar un poco más ellos mismos y olvidarse de miradas ajenas, y así lo reclamó varias veces el cantante, la primera de ellas al acabar la tercera canción.

Una vez entramos todos en calor, sin esperarlo para nada, empezaron a sonar las notas de “Iron Man” de Black Sabbath. No sería la primera vez que nos iban a sorprender con algo por el estilo, pero desde luego esto sirvió para acabar de entonar a la docena de asistentes, o al menos, para que no les quitáramos ojo durante el resto del concierto. Son sólidos sobre el escenario; se les notan tablas. Siguieron con “Suicide”, igual de cañera y una de mis favoritas. Como todas las anteriores hasta el momento, presentes en “Blessing in Disguise”, su segundo disco. Se me notó que es una de mis preferidas sobre todo cuando el cantante y guitarrista Steef vd Bogaard me pilló cantando con él en mitad de un estribillo. Se sorprendió bastante, bueno, la sala estaba algo desierta finalmente y tenía pinta de que muchos habían acabado de rebote por allí.

Con la primera parte del espectáculo acabada, hicieron un repaso a su primer disco, “Back to Mayhem”: “Hammer Down”, “Kings and Jezebelles”, con una pequeña referencia a Motorhead, y “Hard Times”. Suenan como un cañón en directo. Hay que decir que el sonido de la sala estaba muy cuidado, de hecho, el técnico se llevó los elogios del grupo al acabar esta serie de temas.

Para entrar en la recta final de la noche, qué mejor que un solo del batería, Willem van Bokhoven. Todo un espectáculo el que dio el músico. Al menos a mí me dejó estupefacto la técnica que demostró y no me extraña nada que sus compañeros le dejaran dar rienda suelta a su imaginación; ellos eran los primeros que estaban disfrutándolo. Camisetas fuera a esas alturas, tanto guitarra como bajo se unieron para acabar con el solo e improvisar unos minutos juntos.

Destaca la manera de compenetrarse que tienen entre sí los holandeses. No hay una fachada o un elemento que sobresalga de entre los demás; son un trío sólido que tanto por música como por actitud aportan exactamente lo mismo al conjunto. Haciendo un inciso sobre esto último, son capaces de tocar un rock directo, enérgico, hacer florituras e interactuar con los asistentes. ¿Qué más da si no te entiende nadie en el garito?

El concierto acabó con “Loaded – Weighted” primero, con el cantante moviéndose frenéticamente entre el público, y finalmente con “Nothing but History” al segundo intento, eso sí. A Sven Hompes, bajista, se le partió una cuerda del Thunderbird pero no pasó nada. En segundos tenía otro Gibson idéntico, negro esta vez, para acabar la actuación.

Eché de menos una canción en especial que se llama “Wrong” pero es muy posible que no fuera elegida por el ritmo más lento que lleva, en definitiva, no pertenece al mismo ambiente. En estas salas pequeñas hasta el extremo hay que ser un torbellino imparable. Ellos lo saben y lo cumplen. Yo desde luego pienso repetir la próxima vez que se dejen caer por aquí, seguro con la misma compañía, y volveré a cantar los mismos estribillos. Y espero que esta vez Steef mire a su alrededor y no le dé tiempo a fijarse en todos los que lo estamos haciendo.

 

Comentarios

comentarios

Share.

About Author

Luis García

Alias Henry Chinaski. Bioquímico que no vive de ello, como tantos otros. Fascinado desde aquel momento que escuchó a Nirvana hace ya muchos años, se dejó convencer por otros sonidos pero nunca ha abandonado el sonido Seattle. Metal de cinco cuerdas y funky con slap. Sí, el bajo es lo suyo. La púa, para los guitarristas...

Ver
Ocultar