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Bushidō cierra 2025 con “Namaskar”: cicatrices, cuerdas y distorsión

portada Bushido Volumen II
Portada del EP Vol. II

Se nos acaba este 2025 y, mientras la mayoría ya está colgando el cartel de “cerrado por vacaciones“, los madrileños Bushidō han decidido soltar lastre con el videoclip de Namaskar. Un corte que funciona como bisagra perfecta entre su presente de EPs y la promesa de un primer LP que amenaza con hacer mucho ruido el año que viene en el circuito estatal.

Hay bandas que se pasan años buscando su sonido dando palos de ciego y otras que, desde que se juntan en el local, parecen tener claro el mapa de ruta. Bushidō, formados en 2021, dan la sensación de estar en ese segundo grupo. No han necesitado más de un par de temporadas para consolidar una identidad sonora propia, puliendo su propuesta entre la agresividad del metal alternativo y esa elegancia melódica que a veces se echa en falta en el género.

Con el estreno de Namaskar, segundo videoclip extraído de su EP Vol. II, ponen el broche a un año intenso. Y lo hacen con estilo, sin medias tintas.

El mundo puede ser un lugar hostil; cuando más confiado estés, más fuerte puede golpearte y dejar cicatrices irreversibles.

El tema tiene miga y es, probablemente, uno de los cortes más celebrados de su repertorio actual. Hablamos de un viaje de seis cuerdas que combina potencia y sensibilidad sin perder ese pulso progresivo que ya es marca de la casa. Namaskar suena empastado, con unas guitarras que golpean con precisión quirúrgica y una base rítmica que empuja sin descanso, pero —y aquí está la gracia— dejando aire para los detalles: arreglos de cuerdas, pianos y armonías vocales que aportan un dramatismo muy necesario.

Videoclip de “Namaskar” (Bushidō)

Es ese equilibrio entre la contundencia y la sutileza lo que nos gusta por aquí. Muy Calavera.

Y ojo, porque el vídeo no se queda atrás. Dirigido por Diego Lázaro y con guion de Ger Núñez, la pieza huye del cliché de “banda tocando en nave industrial” para apostar por una narrativa simbólica. Jaime Lechón interpreta a un personaje que lucha contra una enfermedad que le corroe por dentro, una metáfora visual de un desgaste emocional que, seamos honestos, muchos reconocerán en estos tiempos que corren. No hay moralejas fáciles ni artificios; solo una tensión que crece hasta el golpe final.

El mensaje está claro: el mundo puede ser un lugar hostil y la confianza, a veces, deja cicatrices irreversibles.

Si miramos atrás, la evolución desde cortes anteriores como Nuestra Sangre o Cenizas es palpable. Si en aquel tema tiraban de la colaboración de un veterano como Héctor Gerónimo (Moebio, Monoplasma) para afianzar credibilidad en el metal moderno directo, aquí demuestran que pueden sostener el peso de una composición más emocional y compleja por sí mismos. Han ganado cohesión y se nota el trabajo meticuloso en el estudio de Víctor Sáiz (California Studios).

El cierre de 2025 les pilla en plena forma. Namaskar no solo cierra una etapa, la corona. Ahora toca esperar al plato fuerte: la banda ha confirmado que se encierra a preparar su primer LP para 2026. Si mantienen este rumbo y no pierden la garra, el año que viene Bushidō podría dejar de ser esa “promesa emergente” para convertirse en una realidad incontestable del rock alternativo estatal.